Una sola dosis de 200 mg de Rhodiola rosea tomada una hora antes del ejercicio incrementó el tiempo a la extenuación de 16,8 a 17,2 minutos y elevó el VO₂‑máx en un ensayo cruzado doble ciego. La sorpresa es que cuatro semanas de consumo diario no reforzaron ese efecto ni modificaron ninguna variable medida. La ganancia fue pequeña, apenas 24 segundos, y la fuerza, el tiempo de reacción y la atención permanecieron sin cambios. Aquí tienes lo que realmente encontró el estudio, quién podría probar una dosis aguda y por qué no deberías contar con “cargar” la rhodiola.
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